- Los usos de la lengua escrita en una sociedad alfabetizada (uso práctico, uso científico y uso literario) son los que dan la pauta para la planificación de las actividades de enseñanza y aprendizaje de la lengua escrita. La lógica de la lengua como uso es la que guía la organización y planificación de los contenidos y la que posibilita acercarse a la lógica de la lengua como sistema.
- Las actividades para enseñar a leer y a escribir se pueden realizar en gran grupo, en grupos reducidos e individualmente. Cada tipo de agrupación tiene sus ventajas y sus inconvenientes y puede ser apropiado en distintos momentos de la secuencia didáctica, pero la mayoría de actividades deberían realizarse en grupos reducidos y en parejas puesto que, por su constitución, estos agrupamientos promueven el trabajo reflexivo, facilitan la interacción cooperativa y permiten una intervención ajustada del adulto.
- Cada tipo de agrupación de los alumnos exige una organización del espacio determinada, para poder realizar la actividad en las mejores condiciones de comunicación, concentración y aprendizaje.
- Los materiales que se usan en la escuela para enseñar a leer y a escribir son un reflejo del planteamiento que el equipo de profesores hace de la enseñanza y aprendizaje de la lengua escrita. En la selección de los materiales debería tenerse en cuenta como mínimo dos consideraciones que tengan sentido y que sean lo más reales posibles.
- El maestro es el responsable de la planificación, organización y evaluación de las distintas actividades que se desarrollan en el aula y de crear las condiciones favorables para posibilitar el aprendizaje. Debe diseñar situaciones reales de uso de la lectura y la escritura, debe observar e interpretar las posibilidades de cada alumno y debe interactuar para favorecer y mejorar los aprendizajes.
- Leer y escribir con sentido delante de los niños y leer y escribir con sentido para ellos, ejerciendo de lector y escritor experto es fundamental para introducir, potenciar, desarrollar y mejorar el proceso de aprendizaje de la lectura y la escritura.
- La evaluación tiene por objetivo básico recoger información que permita ir regulando la interacción pedagógica, ajustarla y adecuarla para conseguir que los niños avancen en su aprendizaje. La práctica de la evaluación como regulación supone ante todo una actitud permanente de observación participativa. Los instrumentos como las pautas, el diario o cualquier otro que el maestro elabore o adapte ayudan a sistematizar esta actitud pero no la substituyen.